Hay fotos que lo explican todo mejor que cualquier texto. En estas sale mi abuelo Pepe, que en paz descanse, el día que hicimos la plantación: con su jersey rojo, agachado entre los plantones y colocando a mano las líneas del riego por goteo. Muchas de las cosas que hoy hacemos en nuestra finca de Tavernes de la Valldigna empezaron ahí, con él.
Nuestra familia lleva más de cuatro generaciones cultivando la tierra en La Safor. Hoy cuidamos 10 hectáreas de cítricos, sobre todo Navelina, que abre la temporada, y Lane Late, para la segunda mitad. Toni y yo aprendimos de él casi todo lo que sabemos del campo.
«No existen las malas hierbas»
De todo lo que me transmitió, hay una idea que me acompaña cada día en el campo: no existen las malas hierbas. Para él, cada planta que nacía entre los naranjos tenía su propio valor. Algunas tenían un uso curativo o medicinal, de los que se aprendían de padres a hijos. Otras eran alimento para las personas. Y las que no servían para ninguna de las dos cosas eran alimento para la vida del suelo.
Ya en 2020, cuando Valencia Plaza vino a conocernos en nuestros inicios con el primer carrito de zumo, hablábamos de él: de cómo nos enseñó que las naranjas de Tavernes son especiales por el valle, protegido por la montaña de les Creus. Y contábamos que en la finca usábamos infusiones de cola de caballo y de ortiga: dos de esas «malas hierbas» que, en realidad, son aliadas del campo.
Por eso en nuestra finca no se aplican herbicidas ni se labra la tierra de forma agresiva. Dejamos crecer una cubierta vegetal natural y espontánea, que controlamos segando y desbrozando. Esa cubierta mantiene el suelo vivo, retiene la humedad de la lluvia como si fuera una esponja y alimenta la vida microscópica del suelo.

Un hombre humilde, hecho a sí mismo
Mi abuelo era un hombre humilde, hecho a sí mismo, con una enorme pasión por el campo y por la naturaleza. Trabajador como pocos, cuando se marcaba un objetivo no paraba hasta conseguirlo. Gracias a su esfuerzo, hoy podemos disfrutar de muchas de las facilidades con las que contamos.

En casa resumimos así lo que nos enseñó:
Las naranjas no se fabrican en un almacén, se cuidan en la tierra. Llevamos más de cuatro generaciones respetando estas 10 hectáreas para que, cuando abras una caja, no te comas un simple producto, sino un trozo auténtico de La Valldigna.
La filosofía del abuelo Pepe
Cómo seguimos su forma de mirar el campo
Su manera de entender la tierra sigue muy presente en cómo trabajamos hoy:
- No arrancamos la hierba: la segamos. Dejamos crecer la cubierta vegetal espontánea entre los naranjos y, cuando toca, la segamos o desbrozamos y dejamos los restos sobre la tierra como acolchado.
- Alimentamos el suelo, no solo el árbol. Abonamos con compost y abonos orgánicos que elaboramos nosotros, además de biofermentados y microorganismos autóctonos.
- Sin químicos de síntesis. Ni herbicidas ni fertilizantes de síntesis.
- Dejamos sitio a la vida. Mantenemos márgenes naturales, franjas de vegetación espontánea, refugios para la fauna y colmenas entre los naranjos.
- Respetamos los tiempos del árbol. La fruta madura en el árbol y la recogemos cuando la pides, sin cámaras frigoríficas ni ceras artificiales.
Hoy a esto se le llama agricultura regenerativa, y por eso formamos parte de la red de fincas regenerativas (así cumplimos sus 10 criterios). Para él era, sencillamente, cuidar la tierra. Y cada naranjo adoptado nos ayuda a seguir haciéndolo en nuestro pueblo: adoptar un naranjo para que el campo siga vivo.

Cuando adoptas uno de nuestros naranjos o abres una caja de nuestras naranjas, también te llega un poco de lo que él nos enseñó.
Pere, cofundador de SOMSUC
Sigue leyendo: cómo cuidamos hoy esas hierbas en la cubierta vegetal de nuestros naranjos.

