Naranjos en bancales de La Valldigna vistos desde el aire

Carbono en el suelo: cómo la tierra guarda CO₂ (y lo que no te vamos a prometer)

Cuando se habla de cambio climático pensamos en coches, fábricas y aviones. Pero bajo nuestros pies hay uno de los grandes almacenes de carbono del planeta: el suelo. Te explicamos cómo llega el carbono del aire a la tierra, qué prácticas ayudan a que se quede, qué hacemos en nuestra finca de La Valldigna y por qué no te vamos a dar cifras que no hemos medido.

Cómo llega el carbono del aire a la tierra

Todo empieza con la fotosíntesis. El naranjo, la hierba de la cubierta y cualquier planta toman CO₂ del aire y, con la luz del sol, lo convierten en hojas, ramas, raíces y frutos. Una parte de ese carbono baja a la tierra: por las raíces, que además sueltan azúcares que alimentan a hongos y bacterias, y por los restos vegetales que caen o que dejamos sobre el suelo.

La vida del suelo va descomponiendo esos restos. Buena parte del carbono vuelve al aire con la respiración de esos organismos, pero otra parte se transforma en materia orgánica estable, el humus, que puede quedarse en la tierra durante años. Por eso un suelo oscuro, esponjoso y lleno de vida suele ser un suelo con más carbono.

Por qué importa el suelo

Según la FAO, los suelos guardan más carbono que la atmósfera y toda la vegetación del planeta juntas (informe Soil Organic Carbon: the hidden potential, 2017). Si los suelos agrícolas pierden materia orgánica, ese carbono acaba en el aire; si la ganan, ayudan a frenarlo.

Esa es la idea de la iniciativa internacional «4 por 1000», lanzada en la cumbre del clima de París en 2015: aumentar cada año un 0,4 % el carbono de los suelos agrícolas, para ayudar contra el cambio climático y, de paso, tener tierras más fértiles que produzcan alimentos de forma más segura.

Y es que el carbono del suelo no solo es bueno para el clima. La materia orgánica es lo que hace que la tierra retenga el agua como una esponja, que los nutrientes estén al alcance de las raíces y que el suelo aguante mejor las lluvias fuertes. Para un agricultor, cuidar el carbono del suelo es cuidar la fertilidad de su finca.

Qué ayuda a guardarlo y qué lo pierde

No hay una fórmula mágica, pero sí prácticas que van en una dirección o en la otra:

  • Ayuda: suelo siempre cubierto. Las plantas vivas meten carbono en la tierra todo el año y la protegen del sol y de la erosión. Lo hacemos con la cubierta vegetal entre los naranjos.
  • Ayuda: no labrar. Voltear la tierra la airea de golpe y acelera la descomposición de la materia orgánica, que se va al aire como CO₂. Nosotros no volteamos la tierra.
  • Ayuda: devolver materia orgánica. Con compost y abonos orgánicos propios, y con la poda: la trituramos y la dejamos sobre la tierra en lugar de quemarla.
  • Lo pierde: quemar los restos. El carbono de la poda vuelve al aire en una tarde, en forma de humo.
  • Lo pierde: dejar la tierra desnuda. Sin plantas que la alimenten y expuesta al sol y a la lluvia, la materia orgánica se va perdiendo con los años.
Cubierta vegetal natural entre las filas de naranjos de nuestra finca
Suelo cubierto entre nuestros naranjos: plantas vivas todo el año.

Lo que no te vamos a prometer

Aquí queremos ser muy claros, porque en este tema se exagera mucho:

  • No hemos medido cuánto carbono guarda nuestro suelo. Para saberlo de verdad hay que tomar muestras de tierra y repetirlas durante años. Así que no te daremos cifras de toneladas de CO₂.
  • No decimos que nuestras naranjas sean «neutras en carbono». Una naranja que viaja hasta tu casa tiene su huella, como cualquier alimento. Además, la Directiva (UE) 2024/825 prohíbe decir que un producto tiene un impacto neutro en emisiones gracias a compensaciones. Nos parece bien.
  • El suelo tiene sus límites. El carbono que gana depende del clima y del tipo de tierra, se acumula despacio, llega un momento en que no admite más y se puede volver a perder si el suelo se labra o se deja desnudo. En un clima cálido como el nuestro, además, la materia orgánica se descompone más deprisa.

Lo que sí podemos contarte es lo que hacemos cada día y por qué: mantener el suelo cubierto, no labrarlo, alimentarlo con materia orgánica y devolverle la poda. Y lo que sí medimos: con el microscopio y el medidor de pH seguimos cómo evoluciona la vida de la tierra. Puedes ver todas nuestras prácticas, una a una, en cómo cumplimos los 10 criterios de finca regenerativa.

De esta tierra a tu mesa

Las naranjas de nuestra finca crecen en un suelo que cuidamos para que dure. No se guardan en cámaras frigoríficas: las recogemos cuando haces el pedido. Pide tu caja o adopta tu propio naranjo y ven a ver la tierra donde crece: la visita a la finca está incluida, con cita previa.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el carbono orgánico del suelo?

Es el carbono que forma parte de la materia orgánica de la tierra: restos de plantas, raíces, microorganismos y humus. Viene, en origen, del CO₂ que las plantas toman del aire.

¿Vuestras naranjas compensan el CO₂?

No lo decimos, porque no lo hemos medido y porque no compensamos emisiones. Lo que hacemos son prácticas que ayudan a que el suelo guarde carbono: suelo cubierto, sin labrar y con materia orgánica.

¿Qué es la iniciativa «4 por 1000»?

Una iniciativa internacional lanzada en 2015, en la cumbre del clima de París, que propone aumentar cada año un 0,4 % el carbono de los suelos agrícolas para ayudar contra el cambio climático y mejorar la fertilidad de la tierra.